Pautas para trabajar el miedo.El miedo es mi aliado



INDAGACIÓN PERSONAL
Si usted siente un miedo disfuncional, que lo angustia y pa-
raliza, le sugiero lo siguiente:
a)Identifique con claridad y precisión qué lo asusta (la so-
ledad, la exclusi
ón, el rechazo, el abandono, la burla, etc.).
b)Observe cómo es el aspecto suyo que siente ese miedo,
es decir, cómo es su aspecto temeroso. Si puede dibujar, sobre
un papel o mentalmente, la figura humana que mejor lo refle-
je, eso lo ayudará a percibir mejor las características de su as-
pecto miedoso.
c) Imagine que ese aspecto está delante de usted y observe
qué reacción emocional tiene al verlo y qué opina de él. Y dí-
gaselo como si iniciara un diálogo. Al hacerlo estará encarnan-
do el papel del evaluador interno del aspecto miedoso.
d)Una vez que se ha expresado desde ese papel, imagine
que puede ponerse, por un instante, en la piel del aspecto te-
meroso y vea c
ómo se siente al escuchar lo que el evaluador
interno le ha dicho.

e)  Fíjese, además, qué es lo que necesitaría recibir, en pala-
bras y en acciones, de parte de su evaluador, para sentirse ge-
nuinamente ayudado a crecer y fortalecerse.
f)   Continúe este diálogo interior todo el tiempo que necesi-
te hasta que ambos personajes recuperen el vínculo de coope-
raci
ón eficaz que les corresponde por ser miembros del mismo
equipo.
g)  Recuerde que usted está constituido por los dos. Trate de
familiarizarse con ellos a fin de reconocerlos en su vida diaria,
cada vez con más facilidad y rapidez, en qué momento está
actuando desde su aspecto temeroso, cuándo lo hace desde el
evaluador interno, y cómo es, momento a momento, la rela-
ción entre ambos.
Cuanto más solidaria y cooperativa se hace esa relación,
m
ás se disuelve el miedo disfuncional.
Aunque en una situación evalúen que la amenaza los des-
borda y decidan retirarse, esa retracción deja de ser conflictiva.
Si uno no comprende el miedo y es impaciente, suele creer
que la retracci
ón siempre significa fracaso. Sin embargo, cuan-
do la retirada surge de un acuerdo interior, no la experimenta-
mos como fracaso sino como parte del derecho que nos asiste
a elegir las condiciones m
ás propicias para nuestro desempe-
ño. El I Ching dice al respecto: «No es fácil entender las leyes
de una retirada constructiva. [...] Saber emprender correcta-
mente la retirada no es signo de debilidad sino de fortaleza.
»
En la medida en que uno se ejercita cotidianamente en
el arte de llevar a cabo estas tareas psicológicas interiores, el
miedo recupera su perdida dignidad original y vuelve a ser la
valiosísima señal de alarma que es.


Extraido de La sabiduria de las emociones . Norberto Levy

¿Existe la cobardía?






La idea de la cobardía nace de un supuesto equivocado:que todos disponemos de los mismos recursos para enfrentar los peligros, y que algunos, a pesar de contar con ellos, no los enfrentan. A ésos se los llama cobardes.
Esta denominación, además de ofensiva, es falsa. Como también lo es su opuesta: la idea de valentía. En este caso no es ofensiva sino elogiosa, pero igualmente equivocada.
Todos los seres humanos disponemos de diferentes instrumentos para enfrentarnos a amenazas y estamos sometidos a la misma ley psicológica: si la amenaza supera a los recursos, surgirá el miedo.
Tarzán —arquetipo clásico del hombre valeroso— puede
hacer frente a un león sin vacilar, sencillamente porque dispone de los instrumentos para hacerlo. El mismo Tarzán, ante dos o diez leones enfurecidos, inevitablemente sentirá
miedo.
Puedo disponer de recursos de un valor mil, y si estoy rodeado continuamente por peligros de valor cinco mil, viviré continuamente con miedo. Por el contrario, puedo contar con recursos de un valor diez, y si estoy expuesto regularmente
a peligros de un valor cinco, prácticamente no conoceré el miedo.
¿Dónde quedan la cobardía o la valentía ante lo anterior?: se disuelven como conceptos pues cesan en su validez.
Lo que uno comienza a ver en cambio es, simplemente, personas que disponen, o no, de recursos para enfrentarse a la amenaza que se les presenta. También comprende que si quien se retiró desarrolla los recursos necesarios, inevitablemente se enfrentará a la amenaza de la cual se alejó.
Y su opuesto: si quien se enfrentó a ella no hubiera tenido los recursos de que dispuso, habría sentido miedo y se habría retirado.
Es importante alcanzar esta comprensión porque quien es tachado de cobarde, sobre todo si se trata de un niño, queda injustamente estigmatizado, la valoración de sí mismo se ve seriamente dañada y se perturba en gran medida
su forma de relacionarse consigo mismo y con los demás.


Norberto Levy La sabiduría de las emociones

Pasos para perdonarse a uno mismo








Estas son las etapas del perdón verdadero:

1) Identifica tus emociones (a menudo hay más de una). Toma consciencia de
la acusación que te haces a ti mismo o que le haces a otro y de lo que ésta te hace
sentir.
2) Asume tu responsabilidad. Ser responsable es reconocer que siempre
tienes la opción de reaccionar con amor o con miedo. ¿De qué tienes miedo? Date
cuenta también de que tienes miedo de que te acusen de tener miedo.
3) Acepta al otro y suéltate. Para lograr soltarte y aceptar al otro, ponte en su
lugar y siente sus intenciones. Acepta la idea de que la otra persona se acusa y te
acusa probablemente de la misma cosa que tú. Ella tiene el mismo miedo.
4) Perdónate. Esta es la etapa más importante del perdón. Para realizarla,
date el derecho de haber tenido y de tener todavía miedo, creencias, debilidades y
límites, que te hacen sufrir y actuar. Acéptate tal y como eres ahora, sabiendo que
es temporal.
5) Ten el deseo de expresar el perdón. A modo de preparación para la etapa
seis, imagínate con la persona adecuada en el acto de pedirle perdón por haberla
juzgado, criticado o condenado. Estarás listo para hacerlo cuando la idea de
compartir tu experiencia con dicha persona te suscite un sentimiento de alegría y
de liberación.
6) Ve a ver a la persona en cuestión. Exprésale lo que has vivido y pídele
perdón por haberla acusado o juzgado y por haber estado resentido con ella.
Menciónale que la has perdonado sólo si te lo pregunta.
7) Haz el enlace con un cordón o una decisión ante uno de tus progenitores.
Recuerda un acontecimiento similar que ocurriera en tu pasado con una persona
que representase a la autoridad: padre, madre, abuelos, maestro, etc.
Generalmente será del mismo sexo que la persona con la cual acabas de realizar el
perdón. Vuelve a efectuar todas las etapas con esta persona (la figura de
autoridad).
Cuando la emoción sentida sea hacia ti mismo, realiza los pasos 1, 2, 4 y 7.
Date el tiempo necesario para realizar el proceso del perdón. En cada etapa
puede pasar un día o un año. Lo importante es que tu deseo de lograrlo sea
sincero. Cuando la herida es grande y profunda o el ego se resiste, puede tomar
más tiempo. Si la etapa seis del proceso del perdón te resulta difícil, debes saber
que es el ego el que se resiste. Cuando piensas: “¿Por qué ir a pedirle perdón por
estar resentido con él cuando fue él quien me ofendió? ¡Tengo toda la razón del
mundo para estar resentido!", es tu ego quien habla. El deseo más grande de tu
corazón es hacer la paz y sentir compasión por el otro.
No te preocupes por la reacción del otro cuando vayas a pedirle perdón.
Respeta su reacción y la tuya. Nadie en el mundo puede saber lo que va a suceder.
Si al otro le cuesta trabajo recibir tu petición de perdón, es que él mismo no puede
perdonarse. Aunque tú lo hayas perdonado, no puedes hacerlo por él. Deberá
lograrlo por sí mismo. No eres responsable de su reacción, sólo de la tuya. Por otro
lado, el hecho de perdonarte a ti mismo es un hermoso ejemplo para ayudar al otro
a que también lo consiga.
Recuerda que el hecho de perdonar a alguien no significa que estés de
acuerdo con la ofensa, sino que estás en vías de decir que, con los ojos del
corazón, has sido capaz de ver más allá de la ofensa, de ver lo que pasaba en el
interior de la persona. Gracias a este perdón podrás concederte más fácilmente el
derecho de ser tú mismo, con tus sentimientos humanos.